Solo hay que tener paciencia

Publicado en la revista Talleres en Comunicación Nº293

“Llévate la fábrica a China” dijeron, “nada puede salir mal” dijeron… esto estarán pensando todos los empresarios que están en manos del gigante asiático, y es que la dependencia que nuestra sociedad consumista tiene de Asia es tan grande que ahora solo podemos lamentarnos y buscar estrategias para minimizar los golpes y evitar que nos vuelva a suceder en el futuro, aunque el ser humano es el único animal que tropieza 2 veces con la misma piedra.

Perdonad que haya comenzado con un mensaje tan pesimista pero no es la primera vez que veo esta situación (no a tan gran escala, por supuesto), y creo que a pesar de todo esto, nuestro modelo económico no cambiará.

Yo soy de Elche (Alicante), durante décadas la mayor productora de calzado de España, tanto es así que a principios de los 90, el 70% del calzado nacional se fabricaba en mi ciudad y alrededores, pero a finales de esa década todo cambió, la mayoría de los grandes fabricantes trasladaron su centro de producción a Asia en busca de abaratar costes al igual que la tendencia generalizada en todos los sectores productivos. Al principio todo fue perfecto para las empresas (no tanto para los trabajadores locales que vieron como su trabajo desaparecía, pero eso es un asunto para otro día), vendían lo mismo o más y con mayores beneficios, pero cuando la sociedad adaptó sus necesidades a los nuevos tiempos del siglo XXI y demandaba más calidad con una moda más fugaz, necesitaron reducir los tiempos desde que se diseñaba hasta que estaba en las tiendas y con un mayor control de la producción, pero ninguna de estas cosas se podía hacer desde 9.000km de distancia; esto unido a una crisis económica a pequeña escala en el sector, provocó que muchas empresas tuviesen que cerrar y aquellas que aguantaron el envite con el tiempo volvieron a crear centros de producción locales para cubrir las necesidades del mercado.

Los abusivos costes de los fletes durante los últimos meses, el alza de las materias primas, y la carencia de producto terminado que estamos sufriendo todos (tanto profesionales del sector como consumidores) debería provocar un punto de inflexión (como sucedió con el calzado) y definir estrategias para evitar a futuro esa dependencia que todos tenemos de terceros países.

En esta ocasión, el eslabón que más está sufriendo estas inclemencias (a parte del usuario final que ve como el precio sube y se le retrasa el vehículo o la reparación) es el de los fabricantes y grandes distribuidores, por un lado no hay tiempo ni plan financiero listo para crear un centro de producción en Europa y así poder dar mejor servicio, por otro los almacenes se vacían a mayor velocidad que se reponen, los stocks de seguridad hace tiempo que se emplean o desaparecieron, y el departamento de compras no asegura cuando llegará más producto ni en qué condiciones, en el peor de los casos.

Al Igual que en otras ocasiones he predicado que sean los distribuidores y fabricantes los que ayuden a los talleres, creo que en esta ocasión deben ser estos últimos los que apoyen a los que ahora lo necesitan, de un modo tan simple que está en la mano de todos, PACIENCIA. Ser pacientes y no exigir los plazos de entrega a los que nuestro sector está acostumbrado, y trasladándole este mismo mensaje de tomarse la reparación con calma a sus clientes, los propietarios de los vehículos.

Si los distribuidores no tuviesen la presión de la inmediatez, relajarían sus necesidades a los fabricantes, estos a su vez podrían destensar su cadena de suministro, aliviando también la parte económica, y así más pronto que tarde podría volver todo a la normalidad. De lo contrario, la tensión continuará hasta que termine por romperse la cuerda por algún punto.

Veréis como entre todos, con un poco de paciencia y esfuerzo, saldremos fortalecidos de este contratiempo.